Red de colegios
Movimiento apostólico Manquehue
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El Evangelio nos llama, al igual que el Centurión, a creer profundamente en la acción sanadora de Jesús, a tener fe para que así pueda actuar en nuestra “casa”, en cada uno de nuestros corazones.
Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: “Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.” Dícele Jesús: “Yo iré a curarle” Replicó el centurión: “Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace.” Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: “os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahám, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos”
¿Cómo me acerco al Señor para pedirle?
¿De qué manera lo dejo entrar en “mi casa” para que actúe?
¿Quiero que actúe?
El Evangelio de hoy nos llama a la sencillez de corazón, pues nuestra sabiduría e inteligencia sirven de poco frente a la Sabiduría de Dios. A tener abierto “… el oído del corazón” (RB Pról, 1), estar atentos a lo que otros nos pueden ir mostrando en nuestro camino hacia Jesús.
En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: “yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
(10) Desde el primero de octubre hasta el principio de Cuaresma, se dedicarán a la lectura hasta el final de la hora segunda. (11) A la hora segunda se celebrará tercia, y hasta la hora de nona trabajarán todos en la tarea que se les asigne. (12) A la primera señal de la hora nona dejará cada uno su quehacer, y estarán a punto para cuando suene la segunda señal. (13) Después de comer se dedicarán a sus lecturas o a los salmos. (14) Los días de Cuaresma desde el amanecer hasta finalizar la hora tercera, se dedicarán a sus lecturas, y hasta el final de la hora décima trabajarán en lo que se les mande. (15) En esos días de Cuaresma recibirán todos un volumen de la Biblia*, que han de leer por orden y enteramente; (16) estos volúmenes se entregarán al principio de la Cuaresma. (17) Sobre todo, se designe a uno o dos ancianos que recorran el monasterio durante las horas en que los hermanos se dedican a leer, (18) y vean si acaso hay algún hermanos llevado de la acedía*, que pasa el rato sin hacer nada o hablando y no se aplica a la lectura, y no sólo no es de provecho para sí mismo, sino que además estorba a los otros. (19) Si se sorprendiere a alguien en esto –Dios no lo permita– se le reprenderá una y dos veces; (20) si no se enmendare, se le someterá a la corrección que es de regla, de manera que los demás escarmienten. (21) Ningún hermano se reúna con otro a horas indebidas.
10 2 P 1 19
11 Gn 1 28
12 Lc 12 35-40
15 Lc 4 16-22; 2 Tm 3 14-17; Tt 1 9
18 2 Tm 2 14-23; 2 Ts 3 10-12
19 Tt 2 15
* Bibliotheca –el vocablo que usa san Benito en el texto original latino– puede significar «biblioteca» o «depósito de libros» y «Biblia», es decir, la colección de volúmenes que constituyen la «biblioteca» que es la Sagrada Escritura. Los comentaristas de la Regla de san Benito, cada vez en mayor número y por muchas razones, prefieren hoy esta última acepción.
* El original latino dice frater acediosus. El vocablo castellano «acedía», que en sentido figurado significa «desabrimiento» –palabra que, también en sentido figurado, sirve para indicar «disgusto» y «desazón interior»–, no traduce más que uno de los muchos componentes de uno de los vicios capitales descritos por los maestros del monacato antiguo. La akedía (en griego) o acedía (en latín) viene a ser una complicada mezcla de tristeza, disgusto, fastidio, pereza, somnolencia, angustia, inestabilidad, desánimo y todavía otros ingredientes por el estilo. Era –y sigue siendo– uno de los enemigos más formidables del monje.
20 1 Tm 5 20
San Juan Apóstol era pescador de profesión, la que abandonó al instante con su hermano Santiago ante el llamado a de Cristo seguirlo. Fue parte del grupo de apóstoles cercano a Jesús que estuvo presente en algunos momentos especiales como la Transfiguración y a la agonía. En su Evangelio, se refiere a sí mismo como “el discípulo a quien Jesús amaba”. En la última cena se recostó sobre el pecho del Maestro. Otra señal de la amistad que existía entre Juan y Cristo es que fue el único apóstol presente en la Crucifixión, momento en que Jesús le entrega a María como madre; en la persona del apóstol ella acogió como hijo a la humanidad entera.
En san Juan y en su relación con Jesús, los miembros del Movimiento descubren cómo ha de ser la relación de amistad que se debe dar entre ellos y su acompañante espiritual. En la lectio divina descubren, con san Juan, que «en esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo» (1 Jn 4, 10) y conocen así el abismo insondable de amor que es el corazón de Cristo. De san Juan aprenden también a acoger a María como madre y a recurrir a ella como hijos. La fiesta de san Juan, el 27 de diciembre, es el día del Movimiento.
A continuación se encuentra el Oficio Divino del día de San Juan Apóstol.
LITURGIA DE LAS HORAS
Laudes: 07.30 hrs.
Intermedia: 13.50 hrs.
Vísperas: 17.45 hrs.
LITURGIA DE LAS HORAS
Laudes: 07.30 hrs.
Intermedia: 13.50 hrs.
Vísperas: 17.45 hrs.
LITURGIA DE LAS HORAS
Laudes: 07.30 hrs.
Intermedia: 13.50 hrs.
Vísperas: 17.45 hrs.